Mujercitas (capítulo 5 – 8): La amistad y los pesados defectos

El señor Laurence y su nieto, Teodoro Laurence (Laurie), son personas muy distantes de los demás. A Jo realmente no le importa dicho distanciamiento y tiene un gran afán por hacerse amiga de Laurie. Lo que me agrada de Jo es que no es para nada prejuciosa, a ella le gusta mucho hacer amigos y posee la ventaja de ser una persona muy vivaz, lo cual le ayuda a que los demás se sientan cómodos cuando están con ella.

2169730_640px

Encontré en Laurie a un chico reprimido por las obligaciones y deseos de su abuelo; éste desea otorgarle a su nieto una educación muy estricta y que lo mantenga lo más alejado posible de la música que tanto le recuerda a su querida nieta perdida. Aparentemente, el Sr. Laurence es un señor muy frío e insensible, pero seguramente se expresa así por los duros golpes de la vida; sin embargo, las mujercitas logran entrar no solamente en su palacio, sino también es su corazón. Beth es la consentida del anciano por su dulzura, sus increíbles habilidades musicales y, sobre todo; es un vivo recuerdo de su nietecita adorada.

May Alcott comparó muy astutamente la diferencia abismal que existía entre la clase alta y la clase pobre: la mansión de los Laurence y la casita de los March se ubicaban a la par, como queriendo representar (con gran sutileza) las distintas formas de vida, que a pesar de ser muy diferentes pueden convivir si hay un mutuo respeto y tolerancia.

Paradójicamente, las chicas March (a pesar de ser pobres) son más felices; sí poseen muchos defectos. Por ejemplo: Amy es extremadamente orgullosa, cree ser de alta importancia en comparación a los demás y a Jo se le dificulta inmensamente no ceder ante sus impulsos y dice las cosas sin pensar. No obstante, gracias a Mamá March, ambas logran darse cuenta de sus errores y tratan de corregirlos. Se dan cuenta que la verdadera fortuna está en el corazón y no en lo material.

felicidad2

Los Laurence poseen muchas riquezas pero no son totalmente felices; tanto el abuelo Laurence y Laurie necesitan un poco de alegría y diversión. Cuando las mujercitas entran en sus vidas y alteran su rutina diaria, su mansión se vuelve más pintoresca y dinámica. Esto deja una gran enseñanza: Meg, Jo, Beth y Amy al no tener riquezas que regalar, regalan su carisma y buen humor para hacer felices a los demás.

Pienso que nosotros también podemos hacer eso. No necesitamos dinero o bienes materiales para subirle el ánimo a los demás: lo único que se necesita es una bella y sincera sonrisa.